
Las garras del miedo se afianzaron firmemente en su garganta ante la oscura figura que rápidamente crecía y crecía delante de su vista como por arte de magia.
El pánico hizo presa en ella y comenzó a temblar violentamente cual frágil hoja; mientras las arcadas le sacudían violentamente el estómago y los intestinos gemían.
El gigante oscuro, lanzaba amenazadores alaridos que traspasaban los límites audibles y rebotaban enloquecidos en el cerebro de la mujer que poco a poco iba menguando y se pegaba contra la pared en un intento por desaparecer.
El maldito, la miraba desde su imponente altura y el brillo de la locura de sus ojos iluminaba la dantesca escena de rojo sangre.
Ella, encogida en un rincón... sometida; con los ojos cerrados; sorda y muda; ahogada en llanto y muerta en vida; esclava para siempre de aquel terrible ser y perdido el concepto de espacio-tiempo: nada era real más que el miedo.
Como en las pesadillas, todo acabó de repente... el enorme monstruo negro, retrocedió hacia las sombras; despidiéndose amenazante hasta la próxima aparición y ella, lentamente y con dificultad: recogió su ego, sus lágrimas y los pedacitos de vida que le quedaban y como pudo llegó hasta la zona más iluminada donde comenzó a recomponerse lentamente; mientras pensaba.... si aquello iba a ser así para siempre; si aquello era vida...¡¡¿¿Hasta cuándo??!!
Entonces, desde algún sitio, una vocecilla la devolvió a la realidad: -¡¡Mamá!!¡¡mamá!! y un cuerpecito tibio, se acurrucó amoroso en su pecho y ella sonrío; todavía quedaba algo por lo que luchar y poco a poco comenzó a crecer y crecer, hasta recuperar su tamaño.
SilviaCC
